
Al sumergirnos en la realidad y a su vez, en el patrón que opera actualmente, pensamos que es ineludible tocar el mercado del trabajo y hacer observaciones sobre este como mecanismo de reproducción de la desigualdad y de la pobreza, aún cuando no quisiéramos agotar ello sólo en comentarios de la realidad laboral, sino que en lo posible también efectuar reflexiones que rodean el problema.
El patrón neoliberal se enmarca dentro de la Globalización que “es una construcción llevada adelante por los gobiernos de los países más ricos y por sus compañías transnacionales internacionales para dominar mercados, recursos públicos, fuentes naturales y fuerza de trabajo barata” (1).De acuerdo a ello encontramos lógico que quienes introdujeran el modelo a sangre y fuego proporcionado por el pinochetismo (2), fuesen civiles representantes tanto del capital extranjero transnacional en conjunto con el de la Oligarquía local, ya que para ellos y sus intereses, no era necesario aumentar el tamaño del Estado sino que hacerlo mas eficiente (3) y subordinado; con respecto a esto no nos cabe dudas que lo lograron.
Se deja ver en el análisis previo, la intencionalidad que hay detrás de la dominación de la fuerza de trabajo y de la idea intencionada de que ella sea, barata. Ya probamos que el patrón neoliberal es un modelo que carece de escrúpulos a la hora de manifestar el crecimiento económico y la correspondiente acumulación, puesto que se vale de “ventajas espureas” para asegurar el menor costo; las ventajas por tanto, van de la mano con la tolerancia para intrometerse en los derechos laborales si esto llega a ser necesario para la reducción de los “costos” y permitir con ello, la mantención de “precios competitivos” y “ganancias razonables”.
Es bastante común observar (escuchar, leer...) que la única manera de superar la pobreza y desigualdad, es la integración al mercado laboral. Para ello revisaremos ambos fenómenos.
Al respecto del primero, pensamos que es bastante lógico permitirse hacer eco de esas observaciones y a la vez, un tanto obvio. Necesariamente aquella persona que carezca del único medio de percibir ingresos que tiene aquel que “no es dueño de nada”, mas que de fuerza y su tiempo, va estar expuesto a que dentro del mercado (en el que todo se vende, tranza, incluso los aspectos mínimos de subsistencia humana) no sea más que una persona incapaz de acceder a productos, servicios y en definitiva condenada a la sobrevivencia (si es que lo logra), vale decir, a la condición de pobreza. Por lo mismo, el dar respuesta a la pobreza con la pura generación de empleo, parece ser un mecanismo obvio, pero no un mecanismo que por si sólo solucione esa condición ni menos que la supere, de ahí a que sea cuestionable.
Por otro lado, la inserción al mercado laboral, permite que un hogar pobre pueda eventualmente salir de esa situación si sus miembros en condiciones de trabajar se emplean (4), sin embargo, esta inserción estanca las posibilidades y aún más no logra sacar a aquellas personas de la pobreza si sus remuneraciones no son lo suficientes mayores a los costos (sólo) de su subsistencia. Tenemos por tanto, que si bien puede que se acabe con los mendigos (si los integrase a todos), no acabaría por sí sola con la condición de pobreza de los mismos.
De otro modo la desigualdad, ¿se disminuye si accede a un trabajo?, no lo creemos, ya que un hombre tiene derecho al trabajo, pero a uno digno no a cualquiera. Al concordar respecto a que en el patrón neoliberal, los excedentes aumentan más velozmente que el productividad y que las remuneraciones, lo cual, equivale a decir que el crecimiento se distribuye a favor de los patrones (5); tenemos que el crecimiento se manifiesta de forma concentrada y no necesariamente tiene un impacto en las mejoras distributivas, claro está sino se las exige ya sea por los propios trabajadores como por el Estado, aún cuando sabemos que ambos (de una u otra forma) están debilitados producto de las mismas transformaciones forzosas exigidas por el patrón neoliberal.
Con respecto a este último, se puede señalar que hoy las instituciones del Estado más que mejorar las condiciones, las tolera., ya que ha omitido una revisión total del Código laboral de la dictadura, cuestión que es indispensable para recuperar los derechos de los trabajadores, reconocidos internacionalmente (6) .En definitiva concertamos en que el mercado de trabajo no opera como una solución por sí sola, sino que es parte del problema como un reproductor.
Referencias:
(1) Cademártori, José; Columna sobre “La democracia agoniza voto a voto” libro de Enrique Astorga, Revista “Pluma y Pincel”, Edición Noviembre-Diciembre, 2006, Santiago de Chile.
(2) I bid.
(3) Agacino, R.: Cinco ecuaciones “virtuosas” del Modelo Económico Chileno y Orientaciones para una Nueva política Económica”, PET, Santiago.). p. 3
(4) I bid
(5) I bid.p.2
(6) Cademártori, José; Columna sobre “Chile: un programa de gobierno democrático participativo”, Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Critico. Ponencia al coloquio internacional “América Latina en movimiento: Construyendo alternativas la neoliberalismo” Santiago, 9-11 Noviembre 2006, Revista “Pluma y Pincel”, Edición Noviembre-Diciembre, 2006, Santiago de Chile.
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